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Mackarena Gallardo: Marketing más humano, más estratégico, más consciente

Mackarena Gallardo: Marketing más humano, más estratégico, más consciente

La directora comercial de Rompecabeza Digital habla en esta columna acerca de la evolución que ha tenido esta disciplina.

Durante años, el marketing fue sinónimo de persuasión, campañas masivas y foco en el producto. Hoy estamos viviendo una transformación profunda: el nuevo marketing deja atrás la lógica tradicional para abrazar una mirada mucho más integral, humana y consciente.

Esta evolución no es solo una respuesta a las nuevas generaciones de consumidores, sino también a un mundo que exige marcas con propósito y acción real.

El eje ya no es el producto, sino las personas. Las marcas relevantes comprenden que sus consumidores no son simples compradores, sino individuos con valores, emociones y aspiraciones.

Reconocer esa dimensión humana es clave, porque la verdadera ventaja competitiva se construye desde la empatía. El producto importa, claro, pero como medio para resolver necesidades reales y significativas, no como un fin en sí mismo.

Otro aspecto fundamental de esta evolución es la forma en que se conciben los vínculos. En lugar de enfocarse únicamente en vender, el nuevo marketing construye relaciones. Relaciones basadas en la confianza, la transparencia y la coherencia.

No se trata de conquistar clientes, sino de acompañarlos, escucharlos y evolucionar con ellos. Las comunidades reemplazan a las audiencias; la conversación, al monólogo.

"El nuevo marketing no solo promueve productos. Inspira, transforma y conecta desde un lugar más profundo, más auténtico y, sobre todo, más humano."

La tecnología, que en un inicio parecía ser un camino para la saturación, se ha transformado en una aliada para la personalización. Con datos bien usados, podemos conocer en profundidad a nuestras audiencias y ofrecerles experiencias relevantes y personalizadas.

Pero esta personalización debe ser ética, empática y respetuosa. No se trata de invadir, sino de aportar valor en el momento adecuado, con el mensaje justo.

En este escenario, los discursos vacíos pierden relevancia. Las marcas ya no pueden limitarse a contar historias, deben demostrarlas con acciones concretas. El propósito debe reflejarse en cada decisión, en cada acción y en cada punto de contacto con las personas. Hoy más que nunca, el marketing se valida en la experiencia, no en el discurso.

Pero la transformación va aún más allá. El marketing deja de ser un mero motor de consumo para convertirse en una herramienta de impacto.

Las personas esperan que las marcas se comprometan con causas reales, que se hagan responsables de su entorno y que contribuyan a un cambio positivo. Esto no solo es una oportunidad para diferenciarse, sino una responsabilidad ética.

Estamos, entonces, frente a una nueva era. Una en la que el éxito del marketing no se mide solo en ventas, sino también en la capacidad de generar valor real, emocional y sostenible. Adaptarse a este paradigma no es opcional: es la única manera de seguir siendo relevantes en un mundo que exige humanidad, estrategia y conciencia.

El nuevo marketing no solo promueve productos. Inspira, transforma y conecta desde un lugar más profundo, más auténtico y, sobre todo, más humano.

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