Laura Flores: ¿Puede un algoritmo encontrar el amor verdadero?
Transcurrida ya la fecha que celebra a los enamorados, la gerente general de iProspect se plantea una interesante pregunta.
El amor digital ya no es una promesa futurista; es nuestra cotidianidad. En un mundo donde los vínculos nacen, crecen y a veces mueren frente a una pantalla, la pregunta ya no es si el amor online es posible, sino si la inteligencia artificial es capaz de optimizar nuestras relaciones con la misma precisión con la que personaliza cualquier otra experiencia de consumo en nuestras vidas.
Aunque la idea carezca del romanticismo tradicional, la respuesta técnica es un rotundo sí. Hoy vemos cómo plataformas como Tinder, Bumble o Hinge han trascendido la simple proximidad física.
Estamos ante sistemas que procesan volúmenes masivos de datos: historiales de interacción, intereses, tiempos de respuesta y patrones de comportamiento, para ajustar sus sugerencias mediante inteligencia artificial, buscando esa añorada "compatibilidad emocional".
Este fenómeno no es solo un cambio cultural, es un mercado en plena expansión que alcanzó los USD 12.370 millones en 2024 y que proyecta duplicarse hacia 2032 impulsado por la IA. Funciones como Standouts en Hinge o Daily Picks en Bumble son el ejemplo perfecto de cómo la tecnología selecciona perfiles de manera especialmente acertada.
Más de la mitad de los adultos jóvenes han utilizado estas aplicaciones y una de cada tres parejas se conoce hoy a través de internet. Pero esto nos lleva a un debate necesario: ¿Debe el amor ser optimizado por una máquina?
La psicología algorítmica sugiere que ciertos patrones de afinidad pueden ser detectados con mayor precisión que la intuición humana, permitiendo que la conexión emocional preceda, incluso, al encuentro físico.
Al final del día, si bien la inteligencia artificial actúa como un catalizador capaz de acelerar procesos y aumentar las probabilidades de encontrar a esa 'media naranja', su alcance tiene un límite natural. La tecnología puede optimizar el descubrimiento, pero la conexión emocional, la química real y lo que se construye tras ese primer encuentro sigue siendo un territorio profundamente humano.
Quizás el algoritmo esté reescribiendo las reglas del romance contemporáneo, pero el éxito de una relación continúa dependiendo de nuestra capacidad de conectar, más allá de los datos y las pantallas. En este cruce de caminos, el enamoramiento puede que hoy se calcule, pero el amor, afortunadamente, se sigue viviendo.